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Pocas luciérnagas,
y la tierra sin grillos,
pocos cantos de cortejo,
puede que sólo haya hambre,
y no discurro canalizado
porque voy campo a través,
como una pasión libre
que desea degollar a la rutina,
para poder ejercer de reina
en un sinfín de aventuras poco nobles,
en mis alforjas miles de deseos,
como único y precioso equipaje..
Dos luces color cielo,
acordes con el calor,
amigas de su tiempo,
ellas parecen increparme,
me preguntan confianza
y yo les digo “luz marrón”,
dos brisas selectas y emergentes,
que parecían predispuestas
a querer ser el mismo suspiro,
y aquella pareja de caricias tiernas,
que han encontrado un dúctil paraíso
y se lo han dicho a cientos como ellas,
así se convierten en deseos recién nacidos
y que resulta precioso si juegan juntos...
la infancia que los hará mayores,
entre choques como esos múltiples
que ahora de nuevo asaltan a los labios,
y que ahora también sé, que nunca duermen,
están siempre osando y elucubrando,
y encaramándose a un fin concreto
que ellos creen asequible, sin duda alguna,
el que no sabe es el tiempo,
no sospecha que yo lo apuro...
y que deseo que pase sin pisadas,
porque el tiempo en el que soy necesidad,
no tiene conexión con las palpitaciones
ni sabe llenarse de efervescencias importantes,
pero y a los dedos y a sus ausencias?
qué le cuento a su vacío de mezclas?
y a sus decretos de tratar de ser de ti?
pero ahora me gusta quedarme callado,
y no por no poder pronuncias palabras
sino por tener opción... de escuchar a otras nuevas.
.